Dia del Asteroide 2026
¿Por qué se celebra el 30 de junio el día del Asteroide?
Mañana, 30 de junio, la comunidad astronómica y científica de todo el mundo se une para conmemorar el Día Internacional del Asteroide. Más allá de ser una fecha para admirar las rocas espaciales que orbitan en nuestro vecindario cósmico, este día es un recordatorio de nuestra vulnerabilidad, pero también de nuestra capacidad tecnológica para proteger el único hogar que conocemos. El motivo no es otro que el aniversario del gran impacto de una roca espacial más reciente en la historia de nuestro mundo. Sucedió el 30 de junio de 1908, en Tunguska, Siberia, donde un objeto de 80 metros explotó en el aire y devastó un área equivalente a una gran ciudad.
La elección de esta fecha no es una coincidencia azarosa; conmemora uno de los eventos cósmicos más impactantes y misteriosos de la historia humana reciente: el evento de Tunguska. El 30 de junio de 1908, en una remota región de Siberia (Rusia), un objeto celeste de aproximadamente 40 metros de diámetro ingresó a la atmósfera terrestre a una velocidad asombrosa. Antes de tocar el suelo, la inmensa presión y fricción hicieron que el objeto explotara en el aire.
Se organizan acciones en todo el mundo para recoger firmas en favor de la Declaración 100X. Su objetivo es concienciar del peligro que significa el impacto de un asteroide sobre la Tierra, y la importancia de descubrir y seguir los miles y miles de estos objetos potencialmente peligrosos para la vida en nuestro planeta.
A pesar de que el impacto ocurrió en 1908, la primera expedición científica que llegó al área lo hizo 19 años después. En 1921, Leonid Kulik, el conservador principal de la colección de meteoritos del Museo de San Petersburgo condujo una expedición a Tunguska. No obstante, las duras condiciones de la zona del interior de Siberia impidieron al equipo alcanzar el área de la explosión. En 1927, una nueva expedición, liderada otra vez por Kulik, logró finalmente alcanzar la meta.
Aunque se hizo muy difícil obtener testimonios de lo sucedido, la evidencia abundaba por todas partes. Aproximadamente 2.100 kilómetros cuadrados (ochocientas millas cuadradas) de bosque quedaron partidas en dos. Ochenta millones de árboles yacían a ambos lados, derribados en un patrón radial sobre el suelo.
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