Noticias Marzo 25 a 31
Ondas planetarias descubiertas primero en la Tierra y ahora en el Sol (29/03/2017)
Tal parece que las mismas ondas planetarias de gran escala que merodean por la atmósfera a gran altura de la superficie de la Tierra puede que exista también en el Sol, según un nuevo estudio. Al igual que las ondas de gran escala que se forman en la Tierra, conocidas como ondas de Rossby, las cuales influyen en los patrones meteorológicos locales, las ondas descubiertas en el Sol pueden estar íntimamente relacionadas con la actividad solar, incluyendo la formación de manchas solares, regiones activas y las erupciones solares.
En la Tierra, las ondas de Rossby están asociadas con la trayectoria de las corrientes en chorro y la formación de sistemas de altas y bajas presiones, que a su vez influyen sobre los fenómenos meteorológicos locales. Las ondas se forman en fluidos giratorios, como la atmósfera y los océanos. Dado que el Sol también está girando y debido a que está formado en gran parte por plasma que actúa, en cierto sentido, como un gran océano magnetizado, la existencia de ondas como las de Rossby no debería de ser un sorpresa, comenta McIntosh del Instituto de Astrofísica y Ciencias del Espacio (Instituto de Astrofísica e Ciências do Espaço)
Los científicos carecían de las herramientas necesarias para observar este patrón de ondas hasta hace poco. A diferencia de la Tierra, que es escrutada desde numerosos ángulos por satélites en el espacio, los científicos históricamente sólo han podido estudiar el Sol desde un punto de vista: tal como se le ve desde la Tierra. Pero por un breve periodo de tiempo, entre 2011 y 2014, los científicos disfrutaron de la oportunidad sin precedentes de ver la atmósfera entera del Sol toda de una vez. Durante ese periodo de tiempo, las observaciones del satélite Solar Dynamics Observatory (SDO), que se encuentra entre el Sol y la Tierra, fueron complementadas con medidas de la misión STEREO (Solar TErrestrial RElations Observatory), que incluía dos naves en órbita alrededor del Sol. De forma conjunta, los tres observatorios proporcionaron una imagen en 360 grados del Sol, hasta que se perdió el contacto con una de las naves STEREO en 2014. McIntosh y sus colaboradores estudiaron los datos obtenidos durante este periodo para ver si podían emerger patrones de ondas de gran escala.
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Tal parece que las mismas ondas planetarias de gran escala que merodean por la atmósfera a gran altura de la superficie de la Tierra puede que exista también en el Sol, según un nuevo estudio. Al igual que las ondas de gran escala que se forman en la Tierra, conocidas como ondas de Rossby, las cuales influyen en los patrones meteorológicos locales, las ondas descubiertas en el Sol pueden estar íntimamente relacionadas con la actividad solar, incluyendo la formación de manchas solares, regiones activas y las erupciones solares.
En la Tierra, las ondas de Rossby están asociadas con la trayectoria de las corrientes en chorro y la formación de sistemas de altas y bajas presiones, que a su vez influyen sobre los fenómenos meteorológicos locales. Las ondas se forman en fluidos giratorios, como la atmósfera y los océanos. Dado que el Sol también está girando y debido a que está formado en gran parte por plasma que actúa, en cierto sentido, como un gran océano magnetizado, la existencia de ondas como las de Rossby no debería de ser un sorpresa, comenta McIntosh del Instituto de Astrofísica y Ciencias del Espacio (Instituto de Astrofísica e Ciências do Espaço)
Los científicos carecían de las herramientas necesarias para observar este patrón de ondas hasta hace poco. A diferencia de la Tierra, que es escrutada desde numerosos ángulos por satélites en el espacio, los científicos históricamente sólo han podido estudiar el Sol desde un punto de vista: tal como se le ve desde la Tierra. Pero por un breve periodo de tiempo, entre 2011 y 2014, los científicos disfrutaron de la oportunidad sin precedentes de ver la atmósfera entera del Sol toda de una vez. Durante ese periodo de tiempo, las observaciones del satélite Solar Dynamics Observatory (SDO), que se encuentra entre el Sol y la Tierra, fueron complementadas con medidas de la misión STEREO (Solar TErrestrial RElations Observatory), que incluía dos naves en órbita alrededor del Sol. De forma conjunta, los tres observatorios proporcionaron una imagen en 360 grados del Sol, hasta que se perdió el contacto con una de las naves STEREO en 2014. McIntosh y sus colaboradores estudiaron los datos obtenidos durante este periodo para ver si podían emerger patrones de ondas de gran escala.
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Un volcán lunar que aparenta ser más joven de lo que realmente es (30/03/2017)
Una caldera de aspecto joven de la Luna había sido interpretada por algunos como la prueba de actividad volcánica lunar relativamente reciente, pero una nueva investigación sugiere que no es así.
Mientras se encontraba en órbita alrededor de la Luna en 1971, la tripulación del Apollo 15 fotografió una extraña formación geológica, una depresión con forma de D, con baches, de unos 3 kilómetros de largo y 1.6 kilómetros de ancho, que desde entonces ha fascinado a los científicos planetarios. Algunos han sugerido que la estructura, conocida como Ina, es prueba de una erupción volcánica en la Luna ocurrida hace menos de 100 millones de años, mil millones de años después de cuando se piensa que cesó la mayor parte de la actividad volcánica en la Luna.
Pero una nueva investigación dirigida por geólogos de la Universidad de Brown sugiere que Ina no es tan joven después de todo. El análisis concluye que la estructura fue formada realmente por una erupción hace unos 3500 millones de años, alrededor de la misma época que los depósitos volcánicos oscuros que vemos en la cara visible de la Luna. Es el tipo particular de lava que emergió de Ina lo que ayuda a esconder su edad, afirman los investigadores.
La caldera de Ina tiene un aspecto brillante respecto a sus alrededores, lo que sugiere que no tuvo tiempo de acumular demasiado regolito, la capa de roca suelta y polvo que se acumula en la superficie lunar con el tiempo. Contiene además montículos que parecen tener menos cráteres de impacto en ellos comparando con el área de los alrededores, otro indicio de juventud.
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Una caldera de aspecto joven de la Luna había sido interpretada por algunos como la prueba de actividad volcánica lunar relativamente reciente, pero una nueva investigación sugiere que no es así.
Mientras se encontraba en órbita alrededor de la Luna en 1971, la tripulación del Apollo 15 fotografió una extraña formación geológica, una depresión con forma de D, con baches, de unos 3 kilómetros de largo y 1.6 kilómetros de ancho, que desde entonces ha fascinado a los científicos planetarios. Algunos han sugerido que la estructura, conocida como Ina, es prueba de una erupción volcánica en la Luna ocurrida hace menos de 100 millones de años, mil millones de años después de cuando se piensa que cesó la mayor parte de la actividad volcánica en la Luna.
Pero una nueva investigación dirigida por geólogos de la Universidad de Brown sugiere que Ina no es tan joven después de todo. El análisis concluye que la estructura fue formada realmente por una erupción hace unos 3500 millones de años, alrededor de la misma época que los depósitos volcánicos oscuros que vemos en la cara visible de la Luna. Es el tipo particular de lava que emergió de Ina lo que ayuda a esconder su edad, afirman los investigadores.
La caldera de Ina tiene un aspecto brillante respecto a sus alrededores, lo que sugiere que no tuvo tiempo de acumular demasiado regolito, la capa de roca suelta y polvo que se acumula en la superficie lunar con el tiempo. Contiene además montículos que parecen tener menos cráteres de impacto en ellos comparando con el área de los alrededores, otro indicio de juventud.
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Burbujas de gas en expansión alrededor de Agujeros Negros Supermasivos (30/03/2017)
Un equipo de investigadores, dirigido por Sandy Morais del Instituto de Astrofísica y Ciencias del Espacio (Instituto de Astrofísica e Ciências do Espaço), ha encontrado superburbujas masivas de gas y de polvo alrededor de dos radiogalaxias lejanas, a unos 11500 millones de años-luz. El objetivo es, en última instancia, averiguar el modo en que los agujeros negros supermasivos afectan a la evolución de las galaxias en las que residen.
Los investigadores utilizaron dos de los telescopios más grandes de la Tierra, el telescopio Keck II (Hawái) y el Gran Telescopio Canarias (Canarias, España) para observar TXS0211−122 y TXS 0828+193, dos potentes radiogalaxias que albergan el tipo más energético de núcleo galáctico activo (AGN) que se conoce. Esta clase de galaxias poseen los agujeros negros más masivos y las emisiones continuas de energía más potentes de que se tiene noticia.
Los investigadores descubrieron las superburbujas de gas en expansión tanto en TXS0211−122 como en TXS 0828+193, con toda probabilidad causadas por una actividad de retroalimentación en la que el AGN inyecta vastas cantidades de energía a la galaxia en la que reside, creando un potente viento que barre gas y polvo y así crea una burbuja en expansión.
El estudio de la simbiosis entre el agujero negro supermasivo y la galaxia es clave para comprender la evolución de las galaxias más masivas. La emisión en el ultravioleta del disco de acreción del agujero negro puede inhibir la formación de estrellas temporalmente al ionizar el medio interestelar, mientras que los grandes flujos de gas que se dirigen hacia el agujero negro puede provocar la inhibición permanente de la formación estelar.
Un equipo de investigadores, dirigido por Sandy Morais del Instituto de Astrofísica y Ciencias del Espacio (Instituto de Astrofísica e Ciências do Espaço), ha encontrado superburbujas masivas de gas y de polvo alrededor de dos radiogalaxias lejanas, a unos 11500 millones de años-luz. El objetivo es, en última instancia, averiguar el modo en que los agujeros negros supermasivos afectan a la evolución de las galaxias en las que residen.
Los investigadores utilizaron dos de los telescopios más grandes de la Tierra, el telescopio Keck II (Hawái) y el Gran Telescopio Canarias (Canarias, España) para observar TXS0211−122 y TXS 0828+193, dos potentes radiogalaxias que albergan el tipo más energético de núcleo galáctico activo (AGN) que se conoce. Esta clase de galaxias poseen los agujeros negros más masivos y las emisiones continuas de energía más potentes de que se tiene noticia.
Los investigadores descubrieron las superburbujas de gas en expansión tanto en TXS0211−122 como en TXS 0828+193, con toda probabilidad causadas por una actividad de retroalimentación en la que el AGN inyecta vastas cantidades de energía a la galaxia en la que reside, creando un potente viento que barre gas y polvo y así crea una burbuja en expansión.
El estudio de la simbiosis entre el agujero negro supermasivo y la galaxia es clave para comprender la evolución de las galaxias más masivas. La emisión en el ultravioleta del disco de acreción del agujero negro puede inhibir la formación de estrellas temporalmente al ionizar el medio interestelar, mientras que los grandes flujos de gas que se dirigen hacia el agujero negro puede provocar la inhibición permanente de la formación estelar.





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